JÓVENES POR LA ALTERNANCIA DE ANDALUCÍA.
Los jóvenes andaluces menores de 30 años teníamos cinco años cuando se celebraron las primeras elecciones municipales libres que dieron el gobierno mayoritario de los Ayuntamientos al Partido Socialista. Y teníamos sólo ocho años cuando el Partido Socialista logró la mayoría absoluta en las elecciones andaluzas de 1982. Ha pasado casi un cuarto de siglo desde entonces.
Es decir, sólo hemos conocido a un partido, siempre al mismo partido, en el gobierno de la Junta de Andalucía. Desde la etapa preautonómica hasta las pasadas elecciones del 14 de marzo, el Partido Socialista Obrero Español ha sido siempre el partido del gobierno. Son casi 25 años de sucesivos gobiernos autonómicos socialistas, a los que hay que sumar el mismo período de gobiernos, socialistas también, en la mayoría de las Diputaciones y en más de la mitad de los Ayuntamientos andaluces. Por ello, es completamente natural que deseemos la alternancia política que nunca hemos conocido y que consideramos elemento imprescindible para un sano funcionamiento democrático.
Que el Partido Socialista haya ganado todas las elecciones andaluzas es democrático. La alternancia política, aunque sea deseable por muchas razones, no es condición necesaria ni suficiente para la existencia de la democracia que defendemos. Cuando los ciudadanos elegimos libremente lo que queremos en cada momento, se cumple la esencia de la democracia, se elija al partido que gobierna o se elija al partido de la oposición. Son los ciudadanos los que decidimos si tiene que haber o no alternancia en el gobierno de un país o comunidad en una sociedad sanamente democrática.
Nosotros, jóvenes andaluces, afirmamos que en una democracia sana y transparente, la alternancia política tiene que ser una posibilidad cierta que permiten las reglas del juego democrático. Una democracia es auténtica democracia porque los ciudadanos tienen la posibilidad de decidir con su voto en las urnas la alternancia política.
Como se ha dicho, la alternancia política es la regla de oro no escrita de la democracia.
La alternancia política, cuando se produce, es la demostración decisiva de que un cambio de gobierno era posible. Cuando tiene lugar, la alternancia prueba de manera indudable que el sistema institucional de la democracia y sus reglas de juego estaban al servicio de la libertad electoral de los ciudadanos. Cuando los ciudadanos eligen al partido de la oposición y retiran su confianza al partido del gobierno, se certifica que el sistema funciona y que las condiciones de la competencia política no han sido alteradas en beneficio de ningún partido.
Los países de mayor trayectoria democrática experimentan periódica y frecuentemente procesos de alternancia democrática. Es natural que se produzca una razonable inquietud democrática. La Comunidad Andaluza es una de las pocas Comunidades Autónomas de España y de Europa en la que, en casi un cuarto de siglo, no se ha producido aún la alternancia política democrática. Si tal circunstancia ha sido preocupante en sociedades en las que se suceden largos períodos de gobierno del mismo color político, lo es más aún en una, la nuestra, en la que tal alternancia no se ha producido nunca desde la aprobación de la Constitución y el Estatuto de Carmona.
Cabe pensar que la oposición no tiene alternativas convincentes, tesis que se defiende sistemáticamente en los círculos socialistas. Pero cabe pensar asimismo que la oposición política en su conjunto no cuenta con los instrumentos necesarios para que sus opiniones y opciones lleguen con la claridad y la intensidad necesaria a los ciudadanos.
Igualmente, la larga permanencia de un partido en el gobierno, aun siendo indudablemente democrática si es resultado de un proceso electoral libre y justo, tiene consecuencias indeseables que se manifiestan bajo la forma de anquilosamiento de las ideas, agarrotamiento del funcionamiento institucional, desviación hacia prácticas escasamente transparentes y apatía creciente de unos ciudadanos que pierden las referencias de la posibilidad y las ventajas del cambio.
Por todo ello, nosotros, jóvenes demócratas andaluces menores de 30 años, manifestamos nuestro deseo de que en Andalucía se produzca la necesaria alternancia política. Ello demostrará la salud de nuestro sistema democrático